La Habana, 10 de Marzo del 2010   
MARIPOSAS.
Fascinación en las alas.
Felix Guerra
Ferval

La mariposa salva a los insectos de su gran pecado cuantitativo. Ser muchos es un inconveniente si se trata de hormigas o escarabajos o moscas, por ejemplo. El ojo crítico del hombre, sin embargo, no acusó nunca a la mariposa de inundar las primaveras con una gran cifra de individuos y un gran número de especies. El espléndido tapiz de las alas evitó esa percepción mordaz y la convirtió en elogios desmesurados y en permanente poesía.

La segunda mayor diversidad
La Gran Primavera del planeta se engalana, cada año, con unas l50 mil especies de mariposas. Su enorme familia (lepidópteros) es la segunda más diversa entre los insectos, superada sólo en este renglón por los escarabajos.

Otro aspecto de biodiversidad, no aventajado por nadie, es la colosal gama de diseños y colores en sus alas, que junto con su variedad de formas, las múltiples composiciones, tonalidades y colores, sus pretendidas o reales funciones miméticas, de camuflaje y defensa contra los depredadores, llenaron hasta hoy miles de páginas, tanto de científicos como de especialistas en estética y escritores.

Las alas de las mariposas son cuatro, de forma invariable, salvo en las que no tienen alas, llamadas ápteras. Las nervaduras y otros caracteres externos de las alas, y más modernamente los atributos de los genitales, en particular los masculinos, son elementos que definen fundamentalmente que pertenezcan a una u otra especie y género.

Las mariposas arrastran la fama de su propia metamorfosis. Durante el ciclo vital, primero es huevo, luego oruga, después crisálida y finalmente adulto. Cada mariposa hembra pone sus huevos en un árbol o planta específico y más tarde ese mismo ente vegetal le sirve a la oruga o larva como alimento.

El néctar de cualquier flor es quizás el más preciado festín que se le ofrece a la mariposa. Al libar néctar se convierten en uno de los más activos polinizadores de flores.
Se sabe que las mariposas hembras que no consumen néctar, acortan el número de su progenie, pues sólo ponen la mitad de los huevos que las madres de otras especies. La flor, el néctar, el polen, la mariposa, son una secuencia insustituible de existencia, los eslabones de una coevolución adaptativa que garantiza vida por partida doble.

Mariposas de Cuba
Ha sido sobre todo en las montañas de las regiones orientales de Cuba, donde hasta hoy he presenciado más cantidad y variedad de mariposas. Me refiero en este caso a mariposas diurnas, de las llamadas ropaloceras, es decir, con las antenas terminadas en forma de maza. En esas sierras, a simple vista, constituyen mayoría las que van ataviadas del color amarillo en las alas.

Son unas doscientas especies de mariposas, aproximadamente, de diez u once familias, las que han sido descritas en el archipiélago cubano.

Una de las de alas amarillas es la senne, Phoebis sennae, que invariablemente prefiere las crestas del fango para posarse. La Phoebis avellaneda es quizás la reina rubia de estos lares, por su mayor envergadura y vuelo ceremonioso. El trío de las amarillas lo completa la Anteos maerula, de igual tamaño y tonos más pálidos y azufre que la avellaneda.
En otra lista, la Battos gundlachianus ocupa un sitial alto; es de vuelo pausado y majestuoso, en sus alas esplende el azul metálico y el rojo aterciopelado sobre un fondo bien oscuro. Además de divisársele en montañas y poblaciones del oriente del país, se encuentra en el centro del territorio nacional y bien al extremo occidental.

De la familia de las papilios, primas de la battos y miembros de las mundialmente llamadas colas de golondrina, vuelan otras como la Papillo androgeus, que llega a medir hasta cerca de 15 cm; el macho luce el pardo oscuro y el amarillo, en un hermoso balance; y la hembra, el pardo oscuro, el gris, el blanco y tonos amarillos.

De esta familia de las Papilionidae, existen 15 especies en Cuba, que deambulan solitarias, luego de despedirse del enjambre junto al árbol en que crían.

Si nos acercamos al tema de los mimetismos, tropezamos eventualmente con las cautelosas y tímidas hamadryas, cuya opción filogenética es confundirse con los troncos parduscos y estriados que pueblan el paisaje selvático. En particular, la Feroz diasis se ha establecido en las regiones boscosas: con las alas extendidas, se funde a líquenes y otras rugosidades que cubren las superficies arbóreas.

La Anetia cubana lleva una cara oscura y un manchado claro, la Dismorphia cubana combina el amarillo sobre fondo oscuro y posee un talle largo, en tanto la Hemenitis cubana, también de aspecto grácil, es de color rosáceo bordeado por un tono más intenso. La Licorea ceres demeter se cría en el jagüey, un ficus que suele crecer sobre otros troncos hasta asimilarlos a su anatomía vegetal, mientras la Heliconius charithonius ramsdeni cuenta con una gran parentela en las Antillas.

Por último, como broche de oro, debo presentar a la Uranidia boisduvalii, porque sobre sus alas carga la fama de ser la más brillante y la más coloreada de las mariposas cubanas.
Una condición de vida de la mayoría de las especies nativas es que reaparecen en cualquier época del año, aunque la presencia de las lluvias las desate en número o la del sol les purifique los colores. Otra condición sobresaliente es el gran número de especies endémicas y subendémicas del archipiélago cubano, dado su pasado geológico, en el que la Isla quedó sumergida bajo las aguas y luego permaneció aislada del resto del continente.

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