La segunda mayor diversidad
La Gran Primavera del planeta se engalana, cada año, con unas
l50 mil especies de mariposas. Su enorme familia (lepidópteros)
es la segunda más diversa entre los insectos, superada sólo
en este renglón por los escarabajos.
Otro aspecto de biodiversidad, no aventajado por nadie, es la colosal
gama de diseños y colores en sus alas, que junto con su variedad
de formas, las múltiples composiciones, tonalidades y colores,
sus pretendidas o reales funciones miméticas, de camuflaje
y defensa contra los depredadores, llenaron hasta hoy miles de páginas,
tanto de científicos como de especialistas en estética
y escritores.
Las alas de las mariposas son cuatro, de forma invariable, salvo
en las que no tienen alas, llamadas ápteras. Las nervaduras
y otros caracteres externos de las alas, y más modernamente
los atributos de los genitales, en particular los masculinos, son
elementos que definen fundamentalmente que pertenezcan a una u otra
especie y género.
Las mariposas arrastran la fama de su propia metamorfosis. Durante
el ciclo vital, primero es huevo, luego oruga, después crisálida
y finalmente adulto. Cada mariposa hembra pone sus huevos en un
árbol o planta específico y más tarde ese mismo
ente vegetal le sirve a la oruga o larva como alimento.
El néctar de cualquier flor es quizás el más
preciado festín que se le ofrece a la mariposa. Al libar
néctar se convierten en uno de los más activos polinizadores
de flores.
Se sabe que las mariposas hembras que no consumen néctar,
acortan el número de su progenie, pues sólo ponen
la mitad de los huevos que las madres de otras especies. La flor,
el néctar, el polen, la mariposa, son una secuencia insustituible
de existencia, los eslabones de una coevolución adaptativa
que garantiza vida por partida doble.
Mariposas de Cuba
Ha sido sobre todo en las montañas de las regiones orientales
de Cuba, donde hasta hoy he presenciado más cantidad y variedad
de mariposas. Me refiero en este caso a mariposas diurnas, de las
llamadas ropaloceras, es decir, con las antenas terminadas en forma
de maza. En esas sierras, a simple vista, constituyen mayoría
las que van ataviadas del color amarillo en las alas.
Son unas doscientas especies de mariposas, aproximadamente, de
diez u once familias, las que han sido descritas en el archipiélago
cubano.
Una de las de alas amarillas es la senne, Phoebis sennae, que invariablemente
prefiere las crestas del fango para posarse. La Phoebis avellaneda
es quizás la reina rubia de estos lares, por su mayor envergadura
y vuelo ceremonioso. El trío de las amarillas lo completa
la Anteos maerula, de igual tamaño y tonos más pálidos
y azufre que la avellaneda.
En otra lista, la Battos gundlachianus ocupa un sitial alto; es
de vuelo pausado y majestuoso, en sus alas esplende el azul metálico
y el rojo aterciopelado sobre un fondo bien oscuro. Además
de divisársele en montañas y poblaciones del oriente
del país, se encuentra en el centro del territorio nacional
y bien al extremo occidental.
De la familia de las papilios, primas de la battos y miembros de
las mundialmente llamadas colas de golondrina, vuelan otras como
la Papillo androgeus, que llega a medir hasta cerca de 15 cm; el
macho luce el pardo oscuro y el amarillo, en un hermoso balance;
y la hembra, el pardo oscuro, el gris, el blanco y tonos amarillos.
De esta familia de las Papilionidae, existen 15 especies en Cuba,
que deambulan solitarias, luego de despedirse del enjambre junto
al árbol en que crían.
Si nos acercamos al tema de los mimetismos, tropezamos eventualmente
con las cautelosas y tímidas hamadryas, cuya opción
filogenética es confundirse con los troncos parduscos y estriados
que pueblan el paisaje selvático. En particular, la Feroz
diasis se ha establecido en las regiones boscosas: con las alas
extendidas, se funde a líquenes y otras rugosidades que cubren
las superficies arbóreas.
La Anetia cubana lleva una cara oscura y un manchado claro, la
Dismorphia cubana combina el amarillo sobre fondo oscuro y posee
un talle largo, en tanto la Hemenitis cubana, también de
aspecto grácil, es de color rosáceo bordeado por un
tono más intenso. La Licorea ceres demeter se cría
en el jagüey, un ficus que suele crecer sobre otros troncos
hasta asimilarlos a su anatomía vegetal, mientras la Heliconius
charithonius ramsdeni cuenta con una gran parentela en las Antillas.
Por último, como broche de oro, debo presentar a la Uranidia
boisduvalii, porque sobre sus alas carga la fama de ser la más
brillante y la más coloreada de las mariposas cubanas.
Una condición de vida de la mayoría de las especies
nativas es que reaparecen en cualquier época del año,
aunque la presencia de las lluvias las desate en número o
la del sol les purifique los colores. Otra condición sobresaliente
es el gran número de especies endémicas y subendémicas
del archipiélago cubano, dado su pasado geológico,
en el que la Isla quedó sumergida bajo las aguas y luego
permaneció aislada del resto del continente. |