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Somos un poco de todo |
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Alberto
Faya |
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| El Caribe es una
privilegiada zona del mundo debido a las bondades de su paisaje pero,
por encima de todo, a la alegría y hospitalidad de sus pobladores.
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Muchas veces me he preguntado
a qué se debe esta particular manera de ser, por qué
hay siempre una sonrisa a flor de labios, una invitación a
compartir la vida y, de manera muy especial, una forma de entender
rápida y amablemente, al visitante.
¿Será que, quienes habitamos esta parte del
mundo, hemos sido dotados genéticamente con la amabilidad?
¿Será que nuestro
hermoso entorno geográfico influye en esa especial forma de
ser?
La respuesta no está en nuestra conformación biológica
ni sólo en la acción de este bondadoso clima sobre nuestro
carácter sino en el proceso de formación de diversos
pero, a la vez, muy parecidos rasgos culturales.
Esta región siempre ha sido una zona de cruces desde que sus
primeros pobladores, los arahuacos, confrontaron los embates de los
caribes que los presionaban, cada vez más hacia el norte.
Después llegaron los europeos desde los más diversos
lugares del Viejo Continente: españoles de todas sus provincias,
ingleses, franceses, gentes de la península itálica,
holandeses, flamencos, alemanes. Todos con múltiples propósitos
pero atraídos por la magia de lo que se consideraba entonces
un mundo nuevo.
Acá se adaptaron, -“aplatanaron” como le decimos
nosotros- y se convirtieron en “indianos” y sus descendientes
en personas muy diferentes a sus padres.
Una nueva manera de ser iba siendo formada por una cultura que se
enriquecía con la inserción sistemática y prolongada
de africanos quienes, como consecuencia del nefasto “Comercio
Triangular”, dieron a esta parte del mundo una fisonomía
definitiva.
Angolas, gangás, lucumíes, carabalíes, congos,
tan diversos entre sí- y aún más- como lo eran
los propios europeos, se fusionaron en nuestra región con los
llamados blancos quienes, en el caso de los españoles del siglo
XVI, ya habían sido profundamente mestizados por la presencia
de las culturas árabes en la Península Ibérica
por más de 8 siglos.
Llegaron más tarde filipinos, chinos e hindúes del Lejano
Oriente y formaron sus hogares en las tierras de nuestra región.
Hebreos, sirios, y árabes completaron una amalgama de pueblos
y de culturas que hacían más y más densa la cocción
de lenguajes, gustos y costumbres.
Hoy continúa esa afluencia de personas de todo el mundo que
pueden reconocer rasgos propios en la gran amalgama cultural nuestra.
Una muestra de esa manera aglutinadora de ser que es nuestra cultura
se expresa en numerosos platos en los que se mezclan un sinnúmero
de ingredientes desde las más lejanas feijoadas brasileras
con un gusto caribeño, hasta los ajiacos cubanos, la forma
en que se cocinan las “habichuelas” en Puerto Rico, los
numerosos caldos del Caribe anglófono y francófono o
el “sancocho” dominicano.
Es bueno aclarar que, aunque este es un plato que requiere cierto
tiempo de cocción (alrededor de 90 minutos), ello nos permite
siempre pasarla bien en compañía de los amigos y amigas
y tomándonos alguna que otra cerveza bien fría.
El “Sancocho” Dominicano.
Ingredientes
1 libra de carne de chivo
1 libra de salchichas de cerdo
1 libra de puerco
2 libras de carne de res con huesos
1 1/2 libra de pollo
2 libras de costillas de cerdo
1 libra de huesos de jamón ahumado
1 cucharada de ajo rallado
4 cucharadas de aceite
2 ajíes verdes, grandes, cortados en cuadros.
2 cebollas grandes
1/2 libra de jamón cortada en pedazos pequeños.
2 cucharadas grandes de apio.
1/2 libra de malanga cortada en pedazos pequeños.
1/2 libra de papas cortadas en pedazos pequeños.
3 plátanos verdes, 2 de ellos cortados en pedazos pequeños.
1/2 copa de alcaparra
2 mazorcas de maíz, cortadas en ruedas.
1/2 cucharada pequeña de orégano en polvo
1/2 cucharada pequeña de cilantro
2 cucharadas pequeñas de vinagre
2 cucharadas pequeñas de salsa picante
4 limones cortados en mitades. PREPARACIÓN
1. Poner la carne de res en un caldero junto al apio, el cilantro,
el ajo, el vinagre, la alcaparra, los sazones y la sal. Debe mover
la mezcla para la buena integración de los ingredientes.
2. Calentar el aceite en una olla de hierro e introducir la mezcla
anterior cuidando que no se pegue para lo cual habrá que ir
agregando cucharadas de agua.
3. Cubrir la cocción y revolver sistemáticamente agregando
agua cuando fuese necesario. Este proceso debe durar alrededor de
20 minutos.
4. Poner el cerdo y cocinarlo por unos 15 minutos, adicionando el
agua cuando fuese necesario.
5. Agregar el resto de las carnes a esa mezcla así como el
ají.
6. Agregar 1/4 galón de agua y esperar hasta que hierva.
7. Agregar el maíz, la malanga y los dos plátanos cortados
dejándolos cocinar por 10 minutos.
8. Rallar el plátano entero y agregar a la olla.
9. Agregar todos los ingredientes que quedan y ajustar el agua si
es necesario.
10. Mover regularmente para que no se pegue el sancocho y dejarlo
cocinar hasta que los últimos ingredientes estén a punto.
11. Rallar el maíz y agregarlo a la olla y dejar cocinando
todo hasta que el guisado se haya puesto espeso.
12. La sal será al gusto. |
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