 |
 |
LINDBERGH
EN LA HABANA |
 |
José
Mayoz |
 |
|
|
|
| La aeronáutica
celebró el centenario del nacimiento de Charles Lindbergh en
el año 2002 y del nacimiento de la aviación en el año
2003. Estas son razones suficientes para que Soy del Caribe traiga
a sus páginas el recuerdo de un hecho, acaecido hace algo más
de 75 años en los cielos que usted surcará durante su
viaje por el Caribe. |
Un niño nacía
en Saint Louis, Missouri, mientras los hermanos Wright intentaban
hacer volar un objeto más pesado que el aire. Un año
después, Wilbur Wright lo logró: recorrió 160
metros, a 5 metros de altura, en 59 segundos. ¡Habían
nacido Lindbergh y la aviación!
El niño de Saint Louis creció dentro de una espiral
de hazañas aéreas, se hizo piloto y fue el primero en
sobrevolar el Atlántico en 1927. Un año más tarde,
el Águila Solitaria constituyó noticia de primera plana
en Cuba, adonde viajó coincidiendo con la celebración
aquí de la VI Conferencia Panamericana de Jefes de Estado.
Lindbergh, como pionero que abría rutas para la aviación
comercial, inexistentes en aquella época, realizó un
periplo por las capitales de los países del continente con
costas en el Caribe y el regreso a EE.UU. lo hizo saltando sobre las
islas de las Antillas, Menores y Mayores.
Para llegar a su última escala, La Habana, Lindbergh partió
desde un campo de aviación de Puerto Príncipe, Haití,
a las 06:35 horas del día 9 de febrero de 1928. Hizo su entrada
en los cielos de Cuba por un punto cercano a la Base Naval que Estados
Unidos aún ocupa ilegalmente en Guantánamo y sobrevoló
toda la Isla guiándose por la vía del ferrocarril central.
El recibimiento del intrépido coronel con cara de niño
se realizó en el campo de aviación del Campamento de
Columbia. Numerosas personalidades, incluidas todas las delegaciones
asistentes a la Conferencia Panamericana, estaban presentes. El aterrizaje
estaba previsto para las 4 de la tarde. Unos minutos antes de esa
hora, un punto negro apareció en el cielo. Lindbergh hizo dos
“pases” a modo de saludo y regresó hacia el centro
de La Habana, donde, sobre el Parque Central, describió dos
círculos, saludando a un pueblo arremolinado que miraba hacia
el cielo y señalaba con el dedo al objeto que había
llamado su atención.
El aparato, matrícula NX 211, tomó tierra en Columbia
y detuvo su motor frente a la glorieta, construida a toda carrera
para el acontecimiento. La multitud, al ver que el piloto no salía
del monomotor, vivió momentos de angustia. Pero sin motivos:
Lindbergh tenía por costumbre asearse y cambiarse en el interior
de la cabina, cerrada y sin parabrisas.
El piloto fue recibido por el presidente Gerardo Machado y agasajado
en la Terraza Norte del Palacio. En los días subsiguientes
fue condecorado por el Presidente en el Teatro Nacional, el Alcalde
de La Habana le entregó las Llaves de la Ciudad en el Parque
Central, la Embajada Americana ofreció una recepción
en su honor, hubo un desfile de miembros de la colonia norteamericana
y la alta sociedad habanera lo hizo objeto de fiestas nocturnas.
En esas ocasiones se puso de manifiesto la austeridad y frugalidad
del piloto, que solo se mojaba los labios con la champaña de
su copa, como cortesía, durante los numerosos brindis en su
honor. Y cada noche, pese a que las fiestas duraban hasta el amanecer,
se retiraba a dormir temprano.
Como parte de los festejos, Lindbergh paseó en avión
al General Machado. Era un trimotor que transportaba a diario la correspondencia
entre La Habana y Cayo Hueso. Tenía capacidad para 12 personas
y pertenecía a la Pan American Airways, que en esa época
abría nuevas rutas.
Eran días felices para Lindbergh, aún no se había
abatido sobre él la tragedia del secuestro de su pequeño
bebé. Así, la víspera del día de San Valentín,
un Lindbergh feliz partió de regreso hacia su querido Saint
Louis volando, hace ya 75 años, por los mismos cielos que usted
surca ahora, durante su viaje por el Caribe.
|
|
|